PERRO
HISTORIA Y CAZA
Este es Fuero de Castilla del
precio de los canes; de quiquier que los matare o lisiare a culpa de sí; por el
sabueso que por mo mesmo matare, cien sueldos, et por otro sabueso el mejor,
cincoenta sueldos; por el carauo de sobre pueste, veinte sueldos et por otro
caruo el mejor, cinco sueldos. Et por can que mata al lobo, treinta sueldos et
el otro tres sueldos. Galgo campanero, que por si lo matare, cinco sueldos;
podenco, perdiguero o codorniego, sesenta sueldos.
Fuero
Viejo de Castilla. Ed. Ibarra. Madrid 1771.
Se llamaba carauo (Cárabo) a una de las pequeñas aves de cetrería y también a un perro de poca talla para la caza de alimañas. Codorniego era el can especializado en llevar las codornices a las redes.
Los perros constituyen en la
caza un ingrediente fundamental, básico e imprescindible. Casi todas las
técnicas de caza de la venatoria encuentran en ellos, juntamente con las armas,
su principal agente, después del hombre. La base de la caza esta, pues, formada
por una trilogía inseparable, hombre, perro, armas, si faltase o fallase
cualquiera de las dos últimas, la cacería ya no sería posible o se realizaría
en forma imperfecta y muy deficiente.
Dijo Cuvier que la
domesticación del perro constituye una de las grandes conquistas del hombre. El
perro es el único animal verdaderamente doméstico y el más íntimamente ligado
al humano. Ni gato, ni caballo, ni vacas o gallinas y demás brutos que tanto
servicio han prestado a la humanidad se pueden igualar al fiel can que nos
sigue a todas partes, se tumba a nuestro lado y es tan colaborador en tantas
faenas útiles de la vida, entre ellas la caza.
Ya están aquí jadeantes,
mirándonos con sus ojos expresivos y sonriéndonos con sus colas amables, no sé
muy bien quien lo dijo, pero dijo una gran verdad, que el meneo del rabo es la
sonrisa halagadora de los perros
Hasta llegar a nuestros
perros de caza modernos, la historia del perro se pierde en la nebulosa de los
tiempos, se ignora a ciencia cierta cuando comenzó esta colaboración humano-canina,
pero debió ser después del periodo Paleolítico Medio 40.000 a 30.000 años (a.C).
Puede decirse que la historia del perro es la misma que la de la humanidad,
porque el perro ha seguido al hombre en todas sus conquistas, de tal forma, que
resultaría muy difícil afirmar si el hombre adopto primero al perro o fue este
el que adopto al hombre.
Parece ser que la morada
original del perro fue Asia; en Asia, Babilonia, hay en el tercer milenio antes
de Jesucristo detalles caninos del tipo del mastín tallados en piedra.
Bajo la dinastía d los
Faraones el perro llego a alcanzar gran desarrollo, y existían ya perros
cazadores completamente opuestos al tipo del lebrel, que era muy apreciado, de
largas y delgadas patas, orejas dobladas y rabos como “espadas”, originarios
posiblemente, del saluki. Los egipcios habían domesticado al perro 10.000 años
antes de Jesucristo, y uno de sus dioses, Amebi, solía representarse con forma
que recordaba al can.
En las Sagradas Escrituras,
cuando habla Abel, se refiere mucho al perro pastor.
Los persas también tenían
gran adoración por el perro, despreciando a los canes comunes y elogiaban al
can deportivo. Los veloces perros de los persas eran los antepasados de los
vellos afga-houn. Aristóteles, en el siglo IV antes de Jesucristo, decía: “los
perros sufren de rabia, que les pone en estado de furor, y todos los animales
que entonces muerden, rabian”.
Para el Zend-Avesta, “escrito por los sacerdotes de los antiguos pueblos iranios”, el perro es uno de
los tres animales que hay obligación de alimentar. Los hebreos lo odiaban y un
israelita no podía ni tocarlo. El emperador Chow-Hsin asigno a los perros de
raza real un lugar en el protocolo de la corte.
Árbol origen del perro en la prehistoria.
Los griegos no tuvieron
lebreles hasta después de la invasión de los celtas, 273 años antes de
Jesucristo, tenían perros guardianes, de caza y de lujo o favoritos. Ya relata
Jenofonte que el verdadero cazador griego no sacaba a sus perros para
“destrozar” liebres, sino para el placer de verlos correr tras ellas. Querían
que la liebre tuviera bastante campo por delante, y ya soltaban a los galgos
por parejas, despreciaban la caza sin perros. Jenofonte en sus relatos, habla
mucho de la caza y en particular del galgo.
Los romanos ponían el perro
al lado de los grandes dioses (Mitra) y lo consideraban el mejor auxiliar de
las legiones. Eran muy empleados en la luchas en la arena, entre sí, o con
otros animales. Columela alaba al pastor, y era muy típico en Roma el letrero
“Cave Canem” (Cuidado con el perro). Popea poseía un Maltés, de lo que se
deduce que la mujer siempre ha tenido predilección por el perro elipométrico,
mucho antes de la época del Renacimiento. Petronio describe luchas entre canes.
En la antigüedad y en la Edad Media, era un auxiliar de los mendigos, y en Roma
se usaba mucho en trabajos y “monerías” circenses.
Cuando Julio Cesar
desembarcó en Bretaña, encontró que en ella existían los mastines, sin duda
traídos por los fenicios. Quedaron los expedicionarios tan impresionados por la
aptitud de estos perros para la lucha, que los llevaron a Roma para pelear en
la arena. Con el mismo fin parece que importaron perros loberos de Irlanda, los
antepasados de los Irih Woof-Hound.
Bernard (1954) nos relata la historia del perro de guerra, del que Ciro II caudillo de los Persas reunió gran número de dogos; de estos, en el Museo de Nápoles los hay en bronce con coraza de lucha.
Tras abatir la
pieza el montero entrega su premio a los perros.
Estrabón, (geógrafo e historiador griego del siglo I a.C) pondera el valor y fidelidad de los perros de los galos, que jamás se separaban de sus dueños. Los celtas tenían también regimientos de perros, armados con collares de púas y recubiertos con coraza, que saltaban al cuello y a la cara de los caballos enemigos. Aun en tiempos de Enrique VIII de Inglaterra, éste puso a disposición de Carlos V una unidad de cuatrocientos perros de combate.
Marco Polo, en sus viajes
durante el siglo XIII, nos relata que los tártaros poseían más de cinco mil perros
de raza, con los que perseguían osos, ciervos y otros animales de cacería.
Para algunos lugareños el
perro era la encarnación de Satanás, frente al criterio de la Iglesia, que lo
consideraba compañero ideal. San Roque, atacado de la peste, solo tuvo la compañía
de su perro “Reste” que le lamia las llagas; San Bernardo, San Basilio y Santo
Domingo fueron muy amigos del can; como San Huberto, el patrón de los
cazadores, que es clásico representarlo con su ciervo y su perro. Alanos, Dogos
y mastines eran perros de los ejércitos, y eran muy usados en la Edad Media, protegidos
con corazas y collares de finas púas; se colocaban en retaguardia con materias
incendiarias y pasaban perfectamente entre las extremidades de un caballo.
Carlos III
Cazador
Los germanos eran cazadores
natos, sobre todo con Alanos. A través de la Edad Media, en Inglaterra existieron
grandes discrepancias entre los campesinos y los hacendados, que no les permitían
poseer el suficiente número de perros, por lo que los conejos azotaban las
cosechas. Hay relatos de numerosos castigos por cazar en vedados (pena de seis
chelines y ocho peniques). Según el profesor G. M. Trevelyan, en su libro “Historia
Social Inglesa”, en 1389 los comunes se quejaban en el parlamento de que los
artesanos y trabajadores, sirvientas y lacayos tuviesen perro. En la Edad Media
gustaban mucho en Inglaterra las luchas entre perros, o de perros con toros (bulldog)
o con osos; estos espectáculos comenzaron en 1209 y se celebraron por última
vez en 1835, en que fueron prohibidos.
En Francia la caza, el
llamado “arte venatorio” tenía gran importancia.
Carlos IX le dio gran impulso y en toda época fueros ruidosas las monterías galas,
con perros de Normandía. La mayoría de galgos que usaban eran de España.
A mediados del siglo XIV, en
Inglaterra escribe Guillermo Twici el “Arte de la Cacería” que consta de varias
páginas dedicadas a elogiar la cuerna y pregón del perro.
Enrique duque de York, nieto
de Eduardo III, escribe “El dominio de la caza”, en gran parte traducción del francés
del conde Gastón de Foix.
El Alto Renacimiento italiano
pone de moda los pequeños perros, para damas refinadas.
Cazadores y
perros cazando. Siglo XVIII
En las cortes francesas e
inglesa se produce el exacerbamiento del perro juguete o “faldero”.
Durante el reinado de
Enrique VIII de Inglaterra, había tal cantidad de perros en la corte, que tuvieron
que ser prohibidos por el Rey.
El Doctor Cains, en 1570, escribió
extensamente sobre las razas caninas del país. Enrique III prohibió el paseo de
perros por la calle, sobre todo de los sin raza, y Enrique VIII fue el que más
importó “spaniels” de caza.
En Francia, el Conde Foix había
escrito “La caza de los animales salvajes y los pájaros de presa”, en el siglo XIV.
En el siglo XVIII alcanzan el máximo apogeo los “spaniels” importados de
España.
En España siempre existió
gran afición a las carreras de galgos. Carlos V poseía pasión por las monterías
de jabalíes, y Felipe II importo bulldog a causa de haber visto las luchas de
perros contra toros en Inglaterra. Felipe IV fue también gran aficionado a los
canes.
Perros en Traílla
Cuando Colón con las naves
españolas arribara a costas americanas, observó el culto de los nativos al perro
y la presencia de perros sin pelo, los que pronto se unieron a los mastines
españoles.
Seria largo de hacer la
historia contemporánea del perro. En el siglo XX se publican periódicos y
numerosas revistas caninas. Se crean diversísimos Kennel Klub, y las
publicaciones y obras abarcan todos los campos, desde los libros sobre razas,
hasta los dedicados a la alimentación, obras de carácter general, específicas
de una subespecie o de aptitudes caninas.
A lo largo de los tiempos, la
utilidad del perro se podría enumerar en múltiples servicios a la humanidad, siendo
la afectiva, una de las más importantes.
“Un
perro es amigo y compañero, el más fiel, siempre dispuesto a servir y halagar a
su amo”
Saludos y que viva la caza compañer@s.



















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