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jueves, 22 de febrero de 2024

VENADOS EN ALTA MONTAÑA

Cuando ya había recogido y limpiado las armas pensando que la temporada montera había terminado para mí, recibo un mensaje vía WhatsApp de un amigo comunicándome si quería asistir a otra batida, no lo pensé dos veces, a la primera le conteste que sí ¡a ver si por fin tenia suerte este año, ya que sería la última!!!! los dos años anteriores, si los había cerrado con sendos cochinos en cada uno de ellos, pero este año aún estaba bolo, como así se confirmaría más tarde al terminar también esta, se ve que este no ha sido mi año, será la próxima temporada sin duda, la que me pueda salvar de este maleficio que parece perseguirme.

Las migas estupendas, acompasadas de una buena organización en el sorteo y desplazamiento al monte, los paisajes son un complemento para admirar cuando se montea en alta montaña donde el acceso a las posturas, en ocasiones, se convierte en un auténtico reto, véase algunas de las fotos donde los monteros nos tuvimos que arremangar bien para cruzar la garganta que se interpuso en nuestro camino antes de llegar a la línea de posturas; En esta armada, la zona es tan abrupta y dificultosa, que lo que se aconseja en caso de abatir alguna res, es llevarse solo el trofeo, por la extrema dificultad que conlleva el acceso y desplazamiento del cuerpo del animal. 

Como muestra, os dejo unas cuantas fotos y videos de este excelente día en lo más alto de Gredos, toda una gozada que repetiremos el próximo año, si Dios quiere, mi agradecimiento a los compañeros con los que he compartido este día de caza tan especial.

Viva la caza compañeros. 


En su escondida cama de lentisco

lo despiertan las trompas del ojeo,

salta y veloz, tronchando los jarales,

la cumbre gana del fragoso cerro.

En la abierta nariz, el aire, aviso

le da del cazador que acecha artero;

raudo gira, y lanzándose al barranco,

arbustos y peñascos salva ciego.

Mas, ¡ay! que está cerrado el monte todo,

y al descender, volando con el viento,

nada le advierte ya su infausto sino;

al arma ventajosa muestra el pecho;

el plomo ardiente sus entrañas abre;

lanza en tierra tristísimo lamento,

y sus ojos piedad claman al hombre

que hunde su cuchillo en su inocente seno.

José Navarrete















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