El ejercicio de la caza en verano reviste ciertas complicaciones que atañen principalmente a nuestros auxiliares caninos, sobre todo a los foráneos, estas razas importadas de Centroeuropa o de las islas Britanicas que se exponen al medio ambiente de nuestro país suelen pasarlo bastante mal en los meses de estío. Su impetuosa andadura y su falta de adaptación al medio, no pocas veces les llevan al colapso total y absoluto, donde el paro cardíaco o la asfixia se cobran su peaje disfrazadas de muerte súbita.
Este pasado fin de semana, me ha llamado un amigo para
comentarme que se le había muerto el perro en el coche cuando regresaba a casa después
de haber cazado por la mañana, según parece de un infarto. Ya es el segundo acontecimiento
de estas características que le ocurre en los últimos tres años, primero con un
Braco y ahora con un Drahthaar, lo que demuestra muy a las claras, que si no se extreman las precauciones con estas
razas parándolas de vez en cuando para que se relajen, beban y descansen, la
parada cardiaca está a la vuelta de la
esquina ya que cazan a muchas más revoluciones
y con un ímpetu desmesurado. No saben regular el esfuerzo y esto les conduce directamente hacia la muerte, durante el ejercicio de la caza o a posteriori, como
en este caso.
Yo, este finde también he salido a por unos conejetes, pero a
las nueve para casa, la Perdiguera y la Pachona no tienen mucho problema con las altas temperaturas, saben dosificar y recuperar el gasto energético con un paso de caza más
cerebral, donde el trote y la cercanía a la escopeta son su principal cualidad,
los alardes de fuerza y desgaste físico resultan bastante caros en los
veranos peninsulares.
Para rematar la jornada, degustamos entre compañeros unas cuantas cervezas con sus viandas
correspondientes, sin duda lo mejor de la mañana.
Buena caza compañeros y cuidado con los perros.



