Buscar este blog

martes, 10 de febrero de 2026

  PERRO HISTORIA Y CAZA

Este es Fuero de Castilla del precio de los canes; de quiquier que los matare o lisiare a culpa de sí; por el sabueso que por mo mesmo matare, cien sueldos, et por otro sabueso el mejor, cincoenta sueldos; por el carauo de sobre pueste, veinte sueldos et por otro caruo el mejor, cinco sueldos. Et por can que mata al lobo, treinta sueldos et el otro tres sueldos. Galgo campanero, que por si lo matare, cinco sueldos; podenco, perdiguero o codorniego, sesenta sueldos.

Fuero Viejo de Castilla. Ed. Ibarra. Madrid 1771.

Se llamaba carauo (Cárabo) a una de las pequeñas aves de cetrería y también a un perro de poca talla para la caza de alimañas. Codorniego era el can especializado en llevar las codornices a las redes.

Evolución humano canina. 

Los perros constituyen en la caza un ingrediente fundamental, básico e imprescindible. Casi todas las técnicas de caza de la venatoria encuentran en ellos, juntamente con las armas, su principal agente, después del hombre. La base de la caza esta, pues, formada por una trilogía inseparable, hombre, perro, armas, si faltase o fallase cualquiera de las dos últimas, la cacería ya no sería posible o se realizaría en forma imperfecta y muy deficiente.

Dijo Cuvier que la domesticación del perro constituye una de las grandes conquistas del hombre. El perro es el único animal verdaderamente doméstico y el más íntimamente ligado al humano. Ni gato, ni caballo, ni vacas o gallinas y demás brutos que tanto servicio han prestado a la humanidad se pueden igualar al fiel can que nos sigue a todas partes, se tumba a nuestro lado y es tan colaborador en tantas faenas útiles de la vida, entre ellas la caza.

Ya están aquí jadeantes, mirándonos con sus ojos expresivos y sonriéndonos con sus colas amables, no sé muy bien quien lo dijo, pero dijo una gran verdad, que el meneo del rabo es la sonrisa halagadora de los perros

Hasta llegar a nuestros perros de caza modernos, la historia del perro se pierde en la nebulosa de los tiempos, se ignora a ciencia cierta cuando comenzó esta colaboración humano-canina, pero debió ser después del periodo Paleolítico Medio 40.000 a 30.000 años (a.C). Puede decirse que la historia del perro es la misma que la de la humanidad, porque el perro ha seguido al hombre en todas sus conquistas, de tal forma, que resultaría muy difícil afirmar si el hombre adopto primero al perro o fue este el que adopto al hombre.

Parece ser que la morada original del perro fue Asia; en Asia, Babilonia, hay en el tercer milenio antes de Jesucristo detalles caninos del tipo del mastín tallados en piedra.

Bajo la dinastía d los Faraones el perro llego a alcanzar gran desarrollo, y existían ya perros cazadores completamente opuestos al tipo del lebrel, que era muy apreciado, de largas y delgadas patas, orejas dobladas y rabos como “espadas”, originarios posiblemente, del saluki. Los egipcios habían domesticado al perro 10.000 años antes de Jesucristo, y uno de sus dioses, Amebi, solía representarse con forma que recordaba al can.

En las Sagradas Escrituras, cuando habla Abel, se refiere mucho al perro pastor.

Los persas también tenían gran adoración por el perro, despreciando a los canes comunes y elogiaban al can deportivo. Los veloces perros de los persas eran los antepasados de los vellos afga-houn. Aristóteles, en el siglo IV antes de Jesucristo, decía: “los perros sufren de rabia, que les pone en estado de furor, y todos los animales que entonces muerden, rabian”.

Para el Zend-Avesta, “libro escrito por los sacerdotes de los antiguos pueblos iranios”, el perro es uno de los tres animales que hay obligación de alimentar. Los hebreos lo odiaban y un israelita no podía ni tocarlo. El emperador Chow-Hsin asigno a los perros de raza real un lugar en el protocolo de la corte.

  Árbol origen del perro en la prehistoria.

Los griegos no tuvieron lebreles hasta después de la invasión de los celtas, 273 años antes de Jesucristo, tenían perros guardianes, de caza y de lujo o favoritos. Ya relata Jenofonte que el verdadero cazador griego no sacaba a sus perros para “destrozar” liebres, sino para el placer de verlos correr tras ellas. Querían que la liebre tuviera bastante campo por delante, y ya soltaban a los galgos por parejas, despreciaban la caza sin perros. Jenofonte en sus relatos, habla mucho de la caza y en particular del galgo.

Los romanos ponían el perro al lado de los grandes dioses (Mitra) y lo consideraban el mejor auxiliar de las legiones. Eran muy empleados en la luchas en la arena, entre sí, o con otros animales. Columela alaba al pastor, y era muy típico en Roma el letrero “Cave Canem” (Cuidado con el perro). Popea poseía un Maltés, de lo que se deduce que la mujer siempre ha tenido predilección por el perro elipométrico, mucho antes de la época del Renacimiento. Petronio describe luchas entre canes. En la antigüedad y en la Edad Media, era un auxiliar de los mendigos, y en Roma se usaba mucho en trabajos y “monerías” circenses.

Cuando Julio Cesar desembarcó en Bretaña, encontró que en ella existían los mastines, sin duda traídos por los fenicios. Quedaron los expedicionarios tan impresionados por la aptitud de estos perros para la lucha, que los llevaron a Roma para pelear en la arena. Con el mismo fin parece que importaron perros loberos de Irlanda, los antepasados de los Irih Woof-Hound.

Bernard (1954) nos relata la historia del perro de guerra, del que Ciro II caudillo de los Persas reunió gran número de dogos; de estos, en el Museo de Nápoles los hay en bronce con coraza de lucha.

Tras abatir la pieza el montero entrega su premio a los perros.

Estrabón, (geógrafo e historiador griego del siglo I a.C)  pondera el valor y fidelidad de los perros de los galos, que jamás se separaban de sus dueños. Los celtas tenían también regimientos de perros, armados con collares de púas y recubiertos con coraza, que saltaban al cuello y a la cara de los caballos enemigos. Aun en tiempos de Enrique VIII de Inglaterra, éste puso a disposición de Carlos V una unidad de cuatrocientos perros de combate.

Marco Polo, en sus viajes durante el siglo XIII, nos relata que los tártaros poseían más de cinco mil perros de raza, con los que perseguían osos, ciervos y otros animales de cacería.

Para algunos lugareños el perro era la encarnación de Satanás, frente al criterio de la Iglesia, que lo consideraba compañero ideal. San Roque, atacado de la peste, solo tuvo la compañía de su perro “Reste” que le lamia las llagas; San Bernardo, San Basilio y Santo Domingo fueron muy amigos del can; como San Huberto, el patrón de los cazadores, que es clásico representarlo con su ciervo y su perro. Alanos, Dogos y mastines eran perros de los ejércitos, y eran muy usados en la Edad Media, protegidos con corazas y collares de finas púas; se colocaban en retaguardia con materias incendiarias y pasaban perfectamente entre las extremidades de un caballo.

Carlos III Cazador

Los germanos eran cazadores natos, sobre todo con Alanos. A través de la Edad Media, en Inglaterra existieron grandes discrepancias entre los campesinos y los hacendados, que no les permitían poseer el suficiente número de perros, por lo que los conejos azotaban las cosechas. Hay relatos de numerosos castigos por cazar en vedados (pena de seis chelines y ocho peniques). Según el profesor G. M. Trevelyan, en su libro “Historia Social Inglesa”, en 1389 los comunes se quejaban en el parlamento de que los artesanos y trabajadores, sirvientas y lacayos tuviesen perro. En la Edad Media gustaban mucho en Inglaterra las luchas entre perros, o de perros con toros (bulldog) o con osos; estos espectáculos comenzaron en 1209 y se celebraron por última vez en 1835, en que fueron prohibidos.

En Francia la caza, el llamado “arte venatorio” tenía gran importancia. Carlos IX le dio gran impulso y en toda época fueros ruidosas las monterías galas, con perros de Normandía. La mayoría de galgos que usaban eran de España.

A mediados del siglo XIV, en Inglaterra escribe Guillermo Twici el “Arte de la Cacería” que consta de varias páginas dedicadas a elogiar la cuerna y pregón del perro.

Enrique duque de York, nieto de Eduardo III, escribe “El dominio de la caza”, en gran parte traducción del francés del conde Gastón de Foix.

El Alto Renacimiento italiano pone de moda los pequeños perros, para damas refinadas.

Cazadores y perros cazando. Siglo XVIII

En las cortes francesas e inglesa se produce el exacerbamiento del perro juguete o “faldero”.

Durante el reinado de Enrique VIII de Inglaterra, había tal cantidad de perros en la corte, que tuvieron que ser prohibidos por el Rey.

El Doctor Cains, en 1570, escribió extensamente sobre las razas caninas del país. Enrique III prohibió el paseo de perros por la calle, sobre todo de los sin raza, y Enrique VIII fue el que más importó “spaniels” de caza.

En Francia, el Conde Foix había escrito “La caza de los animales salvajes y los pájaros de presa”, en el siglo XIV. En el siglo XVIII alcanzan el máximo apogeo los “spaniels” importados de España.

En España siempre existió gran afición a las carreras de galgos. Carlos V poseía pasión por las monterías de jabalíes, y Felipe II importo bulldog a causa de haber visto las luchas de perros contra toros en Inglaterra. Felipe IV fue también gran aficionado a los canes.

Perros en Traílla

Cuando Colón con las naves españolas arribara a costas americanas, observó el culto de los nativos al perro y la presencia de perros sin pelo, los que pronto se unieron a los mastines españoles.

Seria largo de hacer la historia contemporánea del perro. En el siglo XX se publican periódicos y numerosas revistas caninas. Se crean diversísimos Kennel Klub, y las publicaciones y obras abarcan todos los campos, desde los libros sobre razas, hasta los dedicados a la alimentación, obras de carácter general, específicas de una subespecie o de aptitudes caninas.

A lo largo de los tiempos, la utilidad del perro se podría enumerar en múltiples servicios a la humanidad, siendo la afectiva, una  de las más importantes.

“Un perro es amigo y compañero, el más fiel, siempre dispuesto a servir y halagar a su amo”

Saludos y que viva la caza compañer@s.



No hay comentarios:

Publicar un comentario