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miércoles, 10 de julio de 2019

EL ARTE DE VOLATERIA


LAS ARMAS

Desde épocas remotas de miles y miles de años antes de Jesucristo hasta el siglo XIV de nuestra era, el arco y la flecha fueron servidores constantes y fieles del hombre en sus empresas guerreras y venatorias. 

La ballesta, solo fue una máquina que en su época vino a perfeccionar técnicamente el conjunto arco-flecha sobre el que ofrecía algunas ventajas, como la de quedar montada en plano horizontal al suelo, lo contrario que el arco que lo hacía en plano vertical, apoyada esta sobre el hombro permitía una mejor puntería siendo mucho más precisa que el arco pero más lenta en su recarga, ofreciendo al cazador un manejo más simple que el especializado del arco. En cuanto a la potencia y penetración de sus flechas, pueden considerarse igualadas a pequeñas distancias, pero mayores en el arco a distancias largas. Cualquiera podía ser, con un poco de práctica, un regular ballestero, y en cambio, solo a costa de grandes ejercicios y facultades innatas se lograban buenos arqueros.



Esto fue lo que determinó que a partir de principios del siglo XIV la ballesta fuese sustituyendo al arco simple en toda Europa, tanto en la caza como en la guerra. Poco después que la ballesta aparecería por los campos de la venación y la guerra un nuevo y extrañísimo ingenio “EL ARMA DE FUEGO”.

Los postreros años del siglo XV y primeros del XVI van jalonando de logros el progreso técnico de las armas portátiles de fuego, hasta llegar al arcabuz y la escopeta, siendo estas a partir de entonces, realmente útiles para la caza al vuelo. En cuanto a la munición para esta clase de tiros, debemos tener en cuenta que los perdigones empezaron ya a usarse a principios del siglo XIV, por lo tanto, la caza al vuelo con las armas de fuego, tal y como la conocemos hoy, empezó a practicarse a finales del primer cuarto del siglo XVI.



Fowler de Flintlock
Esta escopeta perteneció a Napoleón Bonaparte y fue fabricada a finales de 1700. Existía otra igual, que fue robada de un museo en Ginegra y sigue en paradero desconocido. Napoleón regaló el arma al marqués Faulte de Vanteaux de Limoges, un general de su ejército. El cañón cuenta con incrustaciones de oro, plata y platino.
LOS PERROS

Las cualidades de un buen perro de muestra fueron descritas por Alonso Martínez de Espinar allá por 1644 en su obra maestra “ARTE DE BALLESTERIA Y MONTERIA” donde describe la tenacidad y vientos de los perros que ya se utilizaban para abatir perdices con el arcabuz, “El que generalmente parece de más gusto para el cazador, es el que no deja de correr, que parece que vuela por encima de la tierra multiplicando sus diligencias hasta que las para”, y añade “a todos se les ha de ir poniendo que busquen las perdices más por el viento que por el rastro, metiéndolos la caza pico a viento, para que se hagan ventores y no rastreros, que hay gran diferencia en buscar estas aves de una o de otra manera” en cuanto al trabajo del can durante la búsqueda, ya se demostraba un gran interés por el control del comportamiento y cita textualmente al respecto, “así mismo debe saber el cazador, cuando el perro hace el delito, por qué ha de ser castigado y de qué manera ha de ser este castigo, que no se le ha de dar de una suerte en todos los yerros que hace, que tal vez merece mucho levantando la perdiz y otras, aunque la levante no se le debe dar con tanto rigor”.


Fernando Tamariz de la Escalera en su “TRATADO DE LA CAZA DEL VUELO” cuya edición data de 1654 diez años posterior al de Martínez de Espinar, también retrata la manera de cazar de los perros de parada en el arte del  volateo “para ejercitar esta habilidad es muy necesaria cosa la ayuda del perro maestro, que es todo en toda manera, pues es quien ha de cazar la tierra, tomar el Peón con blandura, y ya tomado, y el cazador entendido que pinta la caza, debe seguirlo con poco ruido, porque él tiene obligación de irse parando en cuantas partes la perdiz se paró, hasta llegar donde esta y así no se le ha de dejar que entre a romper la muestra, porque su oficio es estarse quedo”
dos géneros hay de perros, unos que cazan de viento, hocico alto y otros que cazan de Peón, el hocico bajo” y puntualiza coincidiendo con Espinar “los que cazan con el hocico alto, que son los de viento, son los mejores y de más ciertas muestras, más los que cazan con el hocico bajo, que son de peón, no son tan buenos, porque señalan muchas muestras falsas.


De esta manera, se evidencia como a mediados de 1650 ya existía una forma muy depurada para cazar las perdices con perro, cuya procedencia no era otra que los descendientes de los antiguos perros de muestra utilizados en siglos anteriores para la caza de aves con redes y en la cetrería, para esta época, ya se habrían adaptado a las nuevas formas con las armas de fuego, modificando así totalmente el antiguo concepto de caza al volateo.

La Revolución Francesa 1789, conflicto social y político con diversos periodos de violencia, convulsiono a Francia y por extensión a otras naciones de Europa, marcando el final del feudalismo y del absolutismo dando inicio así a la Edad Contemporánea. En esta época convulsa, la Asamblea de la Nación en representación de los Estados Generales Franceses abolió los derechos feudales sobre la caza, que hasta entonces habían sido patrimonio exclusivo de la nobleza, trastocando y cambiando definitivamente la forma de entenderla.

Los vocablos Volateo, “Persiguiendo y tirando a las aves cuando van volando”  o Volatería, “Caza de aves que se hace con otras enseñadas a este efecto” han perdido su referencia entre los cazadores y escasamente son mencionados para desgracia de nuestro rico y tan variado idioma castellano.

Halconero Mayor: “a cuyo mando y dirección estaba todo lo tocante a la caza de volatería” también desaparecido, este empleo fue antiguamente en España una de las mayores dignidades de la casa real.

En la actualidad, la práctica de la caza esta tan desvirtuada y acosada que lo que en tiempos fue conceptuado como un arte milenario practicado solo por caballeros, hoy sea visto por algunos sectores de la sociedad poco más o menos como un delito.

Algo tendremos que hacer los cazadores para cambiar esta mentalidad emergente, si no deseamos que nuestra pasión venatoria  desemboque en una vía muerta.

Buena caza amigos.




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