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lunes, 6 de enero de 2014

CAZA 2014, Sábado 4 de Enero.

                                        Ritka corretea buscando caza.

                                   Ritka nadando en el Charco de la Cabra.

Bajo estos riscos de granito discurre el cauce del arroyo unos cien metros, tan solo aflora esta pequeña cascada de agua como testigo de ello.

Zona del arroyo donde aparece otra vez a la luz, después de ocultarse cien metros bajo los riscos.


          Ritka en un apuro, se metió donde no podía salir y tuve que sacarlo.

Vista del valle y el arroyo desde el cerro, con la ciudad de Talavera al fondo en el horizonte.

                           Ritka posa con el trofeo del Sábado por la mañana.

                                 Vista de la cascada, el charco y el cerro.

                                          Aquí está el agujero del colmillo.
                                            
            
                                  RECECHOS ZORREROS
Llegamos al campo de noche,… ¡como de costumbre!, el cielo está algo enladrillado por las nubes pero se ven muchos claros y tras ellos las estrellas de fondo brillan intensamente, ¡hace buena mañana! Las lluvias de los últimos días han desplazado a las heladas y la temperatura es excelente, Ritka me acompaña de nuevo, ya es la tercera intentona que hacemos sobre los zorros en estos últimos días. Nos desplazamos hacia el oeste del coto… ¡La Portiña!, donde lo intentamos el otro día anterior. Una ligera brisa nos acaricia la cara y Ritka la husmea nariz en alto como indagando, el viento también nos es favorable, parece que esto pinta bien hoy, ¡esperemos tener suerte!

En completa oscuridad caminamos muy despacio los dos hacia el lugar elegido, el suelo debido a lo empinado del terreno y el musgo de las piedras completamente empapadas por las lluvias de los días anteriores están muy escurridizos ¡mucho cuidado hoy!, cualquier resbalón inoportuno puede dar con nuestros huesos en un barranco.

Gua-gua, gua-gua, gua-gua  ¡la primera mañana que les oigo esta temporada! En la oscuridad del amanecer le fijo la posición desde la ladera de este cerro: -¡está en la cresta del próximo!, justo en los riscos donde está la zorrera. Trazo mi plan de caza girando por la ladera derecha y cruzando el arroyo en su parte más alta por el paso del ganado entre las zarzas, hoy viene muy crecido, casi desbordado, sumergiéndose un poco más abajo entre los riscos donde desaparece para emerger como por arte de magia cien metros más abajo.

El ruido del arroyo no me deja oír nada, al cruzarlo me he situado en la cara norte del cerro, a la espalda del zorro. Corto el viento en diagonal de norte a sur, para no ser descubierto, y aunque el ruido del agua cada vez esta mas lejos, ni Ritka ni yo le hemos vuelto a escuchar de guarrear,… absoluto silencio,… ¿nos habrá descubierto?

Ya se ve bien, procuro contener el aliento andando muy sigiloso, ¡ya estamos muy cerca!, de nuevo me paro, miro al perro y escucho,… tranquilizo los nervios, sigo un poco más y ahí está el risco al que me tengo que subir para hacer el reclamo y poder dominar el terreno.

Chiiiiiiii, chiiiiiii, chiiiiiiiii, ¡espero atento!, chiiiiii, chiiiiiii, chiiiiiiii,… ¡nada!, chiiiiii, chiiiiii, chiiiiiiii ¡maldita sea, otra vez nos la ha jugado!, -¿qué hemos hecho mal? Me increpo con dureza y severidad mirando a Ritka.

Decepcionado, desciendo el cerro pensando: -Ya que estoy aquí, intentaré darle una buena lección al perro. Lo dirijo hacia el arroyo crecido donde los conejos han tenido que salirse de él para salvar el pellejo, no tengo la intención de aprovechar la ocasión, dada la circunstancia en la que se encuentran los animales para cometer el cobarde acto de matar alguno, solo quiero que el perro aprenda y se pique en la caza corriendo tras ellos.

Llego a la llanura y giro hacia la derecha ascendiendo por una solana de cuestas repentinas pobladas de tomillos, al llegar a lo más alto me siento junto a una chaparra…  ¡a ver si hay suerte y mato algunos zorzales! Hace una temperatura extraordinaria, con algo de viento que parece ir tomando fuerza según avanza el día…, ¡no se ve ni uno! Me levanto y continuo, llego de nuevo a lo más alto entre pequeñas llanuras y escarpados barrancos, el perro corretea con mucho interés buscando caza por delante, parece que la lección del arroyo no ha sido en vano.

Nos dirigimos hacia el coche pasando por donde cruzamos el arroyo esta mañana temprano, justo detrás del cerro donde escuchamos el zorro, son las nueve treinta de la mañana, el viento se está poniendo cada vez más fuerte. Una cortina de nubes parece estar haciéndose fuerte por el oeste en dirección a nosotros, la borrasca es inminente y tenemos que poner tierra de por medio y en ese momento se me ocurre la idea de darle un último toque al zorro, pongo al perro la traílla y me encamino hacia los riscos donde estuve esta mañana, por los mismos pasos y con mucho menos sigilo, debido a cercanía de la adversa meteorología.

Ya desde mi atalaya, con la zorrera a mi derecha y el barranco a la izquierda, reclamo con exigencia y ultimátum: Chiiiiiiii, chiiiiiiii, chiiiiiiiii y espero, un segundo,…dos,… piu, piu, piuuuu, un mirlo sale despavorido de entre un espeso acebuche a mi izquierda para ponerme en alerta, al mismo tiempo que con el rabillo del ojo capto el fugaz movimiento de… ¿una sombra?,… ¡la escopeta ya esta encarada!, de pronto aparece señorial y majestuosa delante de mí, a escasos metros sin advertir mi presencia… ¡se para y me mira!, ¡solo un instante! Ante el fuerte viento y la borrasca que arrecia, intenta huir… ¡pero ya es tarde!, el tiro ya viaja en el aire haciendo resonar su presencia… ¡zorra astuta, la muerte te acecha!

Rueda como un trapo entre el riscal, intentando descolgarse para buscar su defensa, avanzo en mi posición algo más y en su huida le asegundo otra certera andanada de plomo que tampoco la frena, ¡que duras son! Suelto la escopeta y me voy tras ella, ya que ni el perro ni yo con el arma podemos bajar por esta risquera, huyendo a rastras la persigo a patadas, en una de ellas se revuelve y me muerde en la izquierda, junto al tobillo me hunde sus fauces y siento el dolor que provoca en mis carnes su aguzado colmillo y en ese instante muere… ¡maldita zorra!

Me quito la bota y veo como la atravesó el colmillo en su cara interna llegando a herirme con casi un centímetro de profundidad… ¡será posible!, si no hubiera sido por que el mordisco cogió la suela atravesada en la boca, me hubiera destrozado el pie.

Algo dolorido bajo al barranco, hacia el arroyo, me lavo las manos y hago unas fotos antes de ascender de nuevo hacia el coche, al final me pillará la lluvia si no espabilo, acelero la marcha todo lo que puedo. El cielo se ha oscurecido tenebrosamente y el viento arrecia desbocado, llegando al coche comienza a llover, cierro al perro en el cajón y guardo la paralela del 20 a toda prisa, me meto dentro y comienza a diluviar, justo a tiempo. Qué cosas, ahora que lo pienso, parece como si todo lo ocurrido en días anteriores en mis fracasados recechos sobre los zorros hubiera estado premeditado para que llegara este día, así es la caza y la naturaleza, unas veces te trata como un agente nocivo y otras como si te complaciera, mi insistencia a provocado que todo desembocara en un lance digno de ser referido, algunos comentaréis la buena o la mala suerte,… llamarlo como queráis, yo siempre he pensado que quien no se embarca no se marea, por lo tanto, cada riesgo tiene su precio.

Saludos para todos.
Hoy más que nunca, os deseo SUERTE Y BUENA CAZA.




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